Tanta expectativa es propicia para un vicio en juguetería, un esquema de melancolía inaudita para el perdón de los pasados, la justificación del presente y el propio sueño del futuro, que mira, ¿quién sabe que se traiga entre manos? pero a lo lejos, se le ve un bulto cargando.
Necesito extirparme en sol de invierno, con luz de voz, con entendimiento de mirada, con lágrima disecada del abrazo en sobredosis. Negaré una línea porque el exceso se ha rendido ante mí, pero ya sabes que siempre he de contar con retornos en mi calle tan vacía, pero tan divertida.
Más sal para el náufrago, hasta que se le sequen las córneas y decida ver por dentro lo que de verdad anda buscando por fuera. Siempre en el agua, lamiendo soledades caóticas y micro-cósmicas, extendiendo el brazo para alcanzar a tomar todo lo que pueda intentando no ser visto dentro de su caja de cristal.
Justo cuando empezaba a creerme la historia del loco estepario, del laberinto einsteniano, me regalas unas alas de cera, me prestas sueño de polvo, no tengo frío ni calor y la señora, en el cuarto contiguo, sigue planchando mi ropa.



