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sábado, 14 de febrero de 2009

Negaré una línea

Se revienta la cinta megafónica de la normalidad con unos cuantas quejas compartidas, de los sentimientos consentidos, de los pensamientos sin sentido. Hay que acelerar el paso en estos casos, porque el show se nos viene encima junto con la luna y la espera no justifica celulares apagados, desconexiones mutuas, declaraciones fatuas. De esos ojos rojos, inundados de duda y sin el mapa misterioso que aún no pinta las nuevas calles para el mes de junio. Diario es una fecha, pero hay días que simplemente habrán de brillar, o que que querrán ser olvidados.

Tanta expectativa es propicia para un vicio en juguetería, un esquema de melancolía inaudita para el perdón de los pasados, la justificación del presente y el propio sueño del futuro, que mira, ¿quién sabe que se traiga entre manos? pero a lo lejos, se le ve un bulto cargando.

Necesito extirparme en sol de invierno, con luz de voz, con entendimiento de mirada, con lágrima disecada del abrazo en sobredosis. Negaré una línea porque el exceso se ha rendido ante mí, pero ya sabes que siempre he de contar con retornos en mi calle tan vacía, pero tan divertida.

Más sal para el náufrago, hasta que se le sequen las córneas y decida ver por dentro lo que de verdad anda buscando por fuera. Siempre en el agua, lamiendo soledades caóticas y micro-cósmicas, extendiendo el brazo para alcanzar a tomar todo lo que pueda intentando no ser visto dentro de su caja de cristal.

Justo cuando empezaba a creerme la historia del loco estepario, del laberinto einsteniano, me regalas unas alas de cera, me prestas sueño de polvo, no tengo frío ni calor y la señora, en el cuarto contiguo, sigue planchando mi ropa.

martes, 25 de noviembre de 2008

De cables

¡Puta madre! otra vez no sirve mi celular. Hay 2 cosas en las que no confío cuando no tienen cables:

Los teléfonos y las marionetas.