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jueves, 28 de enero de 2010

Los escombros

The underneath's no big surprise...
Plug in baby, Muse

Los escombros; polveros amigos mandatarios del recuerdo inimaginable pero saboreable ante el olor y el gusto de lo que cala en silencio por los sabedores rincones del irremediable comienzo, el olvido maquinario del paralelo incómodo. Tendiendo juegos bajo la lluvia de balas que no discriminan, de refugios paradisiacos; de preguntas vencedoras que sobre respuestas en huelga van cohibidas de velocidad blancuzca, pulverizada en líneas de levante. Aditivos para el silencio juegan con el indeciso tumbo del contrabando mental dictando leyes que sabemos dolosas. Suelo. Matizando oquedades fatíricas.

Robótico es el avance intolerante de esos clicks segunderos, que emplazan al castigo, cual tirano nauseabundo, los más terríficos dolores de la incomprendida indiferencia, correctora de señales sin sueño, sabedora de oquedades empeñadas cada una a debilitar el entredicho de lo que pudo suceder. Ya en el vacío, lleno de pérdida, se unen eufemismos conspiradores, maquiavélicas comparsas del exalto y el silencio.

Hay que darle la vuelta a este monocromático asunto, sabiendo que en los 180° es todo tan confuso que tus zapatos no me quedan. Las ventanas rotas, hay que cambiarlas porque ya el viento empieza a arremolinarse.

jueves, 12 de marzo de 2009

Aleatorio

De pronto se viene la humareda mental, como con el desahucio terminal de quien, a contraluz, encuentra esas partículas que, por insignificantes que parezcan llevan consigo más idea y movimiento que muchos de los que ahora cruzan la calle por debajo del mismísimo puente peatonal. Precisamente la idea del movimiento a lo pendejo me tiene extasiado éstos 2 últimos minutos. Parecemos todos pequeñas hormigas rojas, cargando a cuestas la preocupación, con dirección a ningún lugar, pues vamos escapando de la pequeña sabandija infantil -destino- que le ha parecido divertido -y por lo tanto correcto- encender un fósforo en pleno nido de los bichos preocupones. Hormiguitas pues, ante tal monstruo chocarrón, han ido empeñándose en tejerse un escape, pero amigo mío, la vida no es escape.

Teniendo preso el sentimiento y secuestrada la razón está difícil agendar una cita para éstos 2 compinches eclécticos, que, por ser de la misma raza me ha parecido buena idea cruzarlos. Es demasiada la coincidencia y la suerte para comprarla y compararla con el dinero, también es demasiada coincidencia el destino y mucha suerte si debiera estar escrito. Lo único que sé en éste preciso instante es que quiero cortarme el pelo, no sé a dónde iré mañana para tal propósito, es más, no sé si iré, ¿ves? lo aleatorio quiere jugar y me estoy disponiendo a apostar toda la noche la cantidad de fichas necesarias para entender el negocio de los futuros. Es impresionante el hecho de que lo irrelevante de pronto levante tanto exceptisismo, exitación y duda; siendo así, he de declarar que éstas últimas 3 propiedades, tomándolas como cualidades femeninas, me refieren a una buena mujer, que más allá de buena, ha de ser interesante.

"¿Serán los dioses ocultos o serás tu? Será una decisión mortal."

martes, 24 de febrero de 2009

Lo que no suceda

Lo que pasa es que el dilema es en sí un estóico monumento a la discordia cerebral. Claro que si te tratara de explicar el color naranja nos saldría más barato, saldríamos todos por la tangente y evitaríamos la disyuntiva que tan recta se nos estaba pintando tras el velo de alquitrán que nos acaricia la mirada. Es como, desayunar con whisky, hay gente que lo encuentra inconcebible, pero ¿por qué?. Por el sólo hecho de respetar una barrera temporal; inconscientemente colectiva: ¿Se supone entonces que afanándonos al brote de impersonalidad debemos pues agachar la mirada como el borrego a medio morir? Lo que sucede es que hay gente que de plano no lo hace, y de sólo imaginarlo, lo encuentra a uno abominable, como el hombre de las nieves.

La necesidad nos atora los dedos contra la puerta del apremio, es andar descalzo por la noche de la necedad y pegarse en el dedo gordo con el mueble del no-futuro. Duele a madres. ¿De verdad crees que tanto movimiento agote las instancias para el sarcástico machucón de consciencia? Es que en serio, no puedo visualizar el disfraz dentro de tanto entuerto, con aplicaciones de cromada indiferencia.

Siempre hay un detonador, algo o alguien que hace explotar el vicio, como petardo de fiesta pueblerina, de todas maneras, siempre está el peligro de salir chamuscado por el fuego amigo, ó, por otra parte, hacer lucir el cielo tan colorido como cualquier andante medieval lo quisiera haber visto ó, incluso, imaginado. Es que es eso. La estrechez de mente, eso te pinta más demente que cualquier atavío obseno en carnaval. Lo corto del alcance de los dardos ya sin tino en las ideas muy vacías, son precisamente esas y no otras, las cosas por las cuales no podemos acceder al consenso democrático, a la cama de la dama o al progreso humanista.

Mientras tanto, lo que no suceda no lo sabremos, porque por supuesto, lo que nos interesa es lo que sucede, aunque éste hecho que sucederá, sea ése y no otro, es cuestión de enfoques, es preguntarse lo mismo, sabiendo que no hay respuesta. Pero, el que no se cuestiona, no se sabe responder.

sábado, 14 de febrero de 2009

Negaré una línea

Se revienta la cinta megafónica de la normalidad con unos cuantas quejas compartidas, de los sentimientos consentidos, de los pensamientos sin sentido. Hay que acelerar el paso en estos casos, porque el show se nos viene encima junto con la luna y la espera no justifica celulares apagados, desconexiones mutuas, declaraciones fatuas. De esos ojos rojos, inundados de duda y sin el mapa misterioso que aún no pinta las nuevas calles para el mes de junio. Diario es una fecha, pero hay días que simplemente habrán de brillar, o que que querrán ser olvidados.

Tanta expectativa es propicia para un vicio en juguetería, un esquema de melancolía inaudita para el perdón de los pasados, la justificación del presente y el propio sueño del futuro, que mira, ¿quién sabe que se traiga entre manos? pero a lo lejos, se le ve un bulto cargando.

Necesito extirparme en sol de invierno, con luz de voz, con entendimiento de mirada, con lágrima disecada del abrazo en sobredosis. Negaré una línea porque el exceso se ha rendido ante mí, pero ya sabes que siempre he de contar con retornos en mi calle tan vacía, pero tan divertida.

Más sal para el náufrago, hasta que se le sequen las córneas y decida ver por dentro lo que de verdad anda buscando por fuera. Siempre en el agua, lamiendo soledades caóticas y micro-cósmicas, extendiendo el brazo para alcanzar a tomar todo lo que pueda intentando no ser visto dentro de su caja de cristal.

Justo cuando empezaba a creerme la historia del loco estepario, del laberinto einsteniano, me regalas unas alas de cera, me prestas sueño de polvo, no tengo frío ni calor y la señora, en el cuarto contiguo, sigue planchando mi ropa.

martes, 20 de enero de 2009

Sin zapatos

Detras de la línea, nunca nadie dijo que fuera fácil pero las vidas se me acaban como a Mario Bros. en el tercer mundo, es una pena partir, y es una pena verte y que retires la mirada como abono de interés compuesto en razones que no tienen nada de razón. Nos encontramos justo frente a la escalera definitoria de mil raíces, de esas que se alargan no importando justificaciones notorias, ni siquiera pretendiendo el tiempo presente perfecto, la gramática no está para situaciones y la conjugación se nos hundió en el estanque. Me he preguntado últimamente de lo que asecha en pensamientos fortuitos y lo que ocurre de salibas aledañas, de esas mortificaciones de piel, de preocupaciones de sombra, de noches mortuorias y de labios de zanja.
Que me entierren el en el veto de las buenas costumbres y me sonsaquen en el silencio de las farolas auditivas, en mejillas escondidas y en placeres de escondites infrahumanos para el deleite carnal de nuestras más altas pasiones incontables ante tanta humanidad.
No entiendo, sigo sin entender el embrollo en que me he metido, de dónde vino tanta declive, la inclinación es la de antes pero ante más esfuerzo más esgrima de factibilidades alimenticias febriles de bondad y así mismo más notarios del alma qué sobornar para el perdon de los apetitos. Hoy camino en el anden de la pérdida constante de lucha, de los boletos en reventa de la desfachatez y del peaje aleatorio del recorrido de lo suave de los hombros blancos que me abrieron sólo unos instantes esa reja diminuta en la que hay que encajar para saberse a salvo de la mansedumbre de lo insano y la costumbre de lo vano que aún se mece en el entuerto por sabernos casi muertos entre tanto que hay que contar y sobar entre sábanas y artilugios ofuscados, en refugios disecados de sazón en el andar. No entiendo.
¿A dónde vamos con tanta prisa que no nos hemos puesto los zapatos?

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Miércoles a Viernes

La belleza de la duda me parece una fuente de seducción poco explorada y tales son las sutilezas de su encanto que los pocos scouts de la no certeza no han logrado trazar un mapa para bien llegar a tal efecto, pero es tan excitante el hecho de no ser certero que firmemente creo que es mejor así, el arte de dudar, de fantasear con tino azaroso ese ínfimo toque del más íntimo de tus arrebatos, brindemos con vino tinto por éstos momentos que en unos segundos serán historia y acabarán escritos en el más infalible de los relatos que nunca serán contados, pues nos quedará la duda de los sabores ajenos.

martes, 25 de noviembre de 2008

Favor de terminar:


Siempre hay una forma y un fondo detrás de cualquier conversación. Por menos indeleble que parezca, de todas maneras el resultado entrará al conteo no importando la intención con la cual el llamado fue atendido. Me caracterizo por por ser el receptor oportuno de la maniática suerte, el cliente predilecto de las preseas en patines; y esto, no lo tomes como oportuna indulgencia de publicidad, tómalo más que nada como caótico vaso old fashion atascado en hielos y revestido en sudor whiskiriano, si es que tal término existiera entre nosotros.


Hablábamos pues de la forma y el fondo, diferenciándolos entonces, como Viruta y Capulina. Es que de verdad ¿están tan separados?, ¿por qué ponerles ´comas´ a las prosas si sabemos que hay alguien que en algún momento las detecta crudas?


La forma es silueta y el fondo olor a sexo consumido, no me pongas trabas en el campo abierto porque sabes que le daré la vuelta sin chistar... ¿para qué te comes los segundos si tienes presente que soy un bulímico del tiempo? Soy pecado en misa y vituperio en oración, ¿acaso no te excita saberme fuera de control con una monja bajo mi sotana que conseguí en tales cielos corruptos?


La forma palidece con sus tantos códigos de comunicación tan aburridos y burócratas, más el fondo se hace coyote entre las filas de lo que quisiera ser intraspasable, más se vienen proyectando miles de veces, más facil de violar que esa puta, mal llamada puta, tan solo por el hecho de cobrar; te lo aseguro, ella es mas sincera entre las sinceras, pues solo coge por dinero, no por la duda, ni por el sentimiento, al fin y al cabo el sentimiento siempre se acaba.... Que levante la mano el que diga y demuestre un sentimiento eterno; No, queridos aferrables, el sentimiento tiene fecha de caducidad tal cual Tetrapak de leche Lala: (Favor de terminar este escrito: ____________________)

La cuerda floja

Uno siempre anda en busca de aliados, pero no de prepagados confesores fácilmente sobornados con ese dejo de pudor tan devaluado en estos días, sino de ellos, a quienes les encanta tomar pretenciones envueltas en sábanas de peligrosos rigores futuros con salidas tantas como las patas de un mil piés.

Aclarar el silencio es mucha cosa, pues entre tanta calma siempre habrá de notarse ese blanco entre frijoles. Así pues, los diabólicos confesores, prófugos del estático "¿qué pasaría si...?" pero presos todos ellos del eterno movimiento de los resultados anacrónicos me resultan más familiares y más confortantes para andar bailoteando sobre brasas y remembranzas con una chela entre las manos, es entonces que, ya entrado en copas me da por jugarle al vivo en el sobrevaluado cementerio meditativo, sobre la cuerda floja de lo que podría pasar, siempre avanzando, al cabo y al fin, para donde caigas te puedes romper la madre o solo la muñeca. Nadie sabrá eso sino hasta escuchar que realmente te estás cagando del dolor, o tal vez hasta te aplaudan y se avienten los que vienen detrás de la fila porque te han visto caer no como costal de papas sino con piruetas propias de gato entrenado.

En fin, se sobreestima el futuro. Aunque me queda claro que allí pasaremos los próximos días, me pongo mis pantalones cortos y con una Tutsi Pop en la izquierda pretendo jugarle una mala pasada al destino, porque, por muy infantil, pendejo o valemadres que uno quiera ser, nunca está de más tensar un poco esa cuerda tan floja aprovechando que el destino te está amarrando las agujetas. Con la derecha le doy el estirón a dicha cuerda no sin antes colocar un chango brincolín del otro extremo de la misma. Una vez superada una meta, hay que ponerse la que viene, sino para que chingados entraste al juego.

lunes, 24 de noviembre de 2008

De puentes

Bajé la cortina del lugar, ya no atendí a nadie más. Nos sobraban los motivos para intentar sabernos aparte de la muchedumbre. Ésta vez no necesitamos de los advenedizos sorbos para que alimentaran a las palabras de ironía, travestidas de verdad. A lo mucho un par de Montejos para cada quien.

El Santos mete gol en la liguilla, un pase de Cuauhtémoc. En cambio a mí, se me acabaron los pases para acceder a la súbita velocidad que de blanca novia siempre viene vestida. Es que la necesitaba tanto en ese instante, necesitaba darle forward al bicromático tiempo que ya desde hacía días me rondaba con abrazos de silencio.

Nos salimos a contemplar el río de luces que de Sur a Norte y de Norte a Sur inundan el Blvd. Manuel Ávila Camacho a todas horas ya durante años por ésta ciudad, tan grande ella. Perderse entre la multitud y caminar sin rumbo fijo para llegar a ningún lado es a veces la mejor forma de encontrarse a uno mismo.

Los puentes, alguien los ideó para ir de un lado a otro, por encima de las circunstancias que suelen cruzarse en los caminos.
Alli estábamos los 2, sobre el puente, en medio de él y viendo fluir los autos, con el característico olor a meados que exhuda esa mole citadina; de nuevo, allí se encontraba, la vida sucediendo en su máximo esplendor; los que llegarán tarde, los que ni siquiera llegarán. Nosotros por encima.
No cruzamos el puente, no encontramos respuesta a la disyuntiva, nos quedamos en el mismo lugar... añorando. Regresamos por donde venimos, de vuelta al orígen.