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jueves, 28 de enero de 2010

Los escombros

The underneath's no big surprise...
Plug in baby, Muse

Los escombros; polveros amigos mandatarios del recuerdo inimaginable pero saboreable ante el olor y el gusto de lo que cala en silencio por los sabedores rincones del irremediable comienzo, el olvido maquinario del paralelo incómodo. Tendiendo juegos bajo la lluvia de balas que no discriminan, de refugios paradisiacos; de preguntas vencedoras que sobre respuestas en huelga van cohibidas de velocidad blancuzca, pulverizada en líneas de levante. Aditivos para el silencio juegan con el indeciso tumbo del contrabando mental dictando leyes que sabemos dolosas. Suelo. Matizando oquedades fatíricas.

Robótico es el avance intolerante de esos clicks segunderos, que emplazan al castigo, cual tirano nauseabundo, los más terríficos dolores de la incomprendida indiferencia, correctora de señales sin sueño, sabedora de oquedades empeñadas cada una a debilitar el entredicho de lo que pudo suceder. Ya en el vacío, lleno de pérdida, se unen eufemismos conspiradores, maquiavélicas comparsas del exalto y el silencio.

Hay que darle la vuelta a este monocromático asunto, sabiendo que en los 180° es todo tan confuso que tus zapatos no me quedan. Las ventanas rotas, hay que cambiarlas porque ya el viento empieza a arremolinarse.

miércoles, 29 de abril de 2009

Volantazo

I am the passenger,
I stay under glass,
I look through my window so bright...
Iggy Pop, The passenger

El escapista ocupante deja plantado al viaje todos los días pero hoy su reflejo ha quedado esculpido en sendas formas faciales de aquellos cuyo semblante perdido, impersonal, derrotado y tedioso ocupan sólo espacialmente la butaca del camión contaminante, destartalado y salsero. Pasajeros autómatas, debajo de un vidrio con rayones de asiduos semi-contestatarios ó enamorados consagrados a la perpetuidad en cristal de nombres sin apellidos, sin historia, pero que a través de el encuentran brillo propio en el ausentismo del masificado colectivo sin rostro.

Impersonalidad de la calle, en la calle, por la calle, emana de la gente. Pasajeros solamente, incapaces de dar un volantazo en su vida, ¿por tedio ó por temor?

martes, 7 de abril de 2009

Al amigo cerca, al enemigo más cerca.

Se dice: Uno debe ser propio. La propiedad se nos dá aún más con personas que no son propias de nosotros. El yo es aún un usted hasta que la línea diminuta y separatista del hablar propiamente se va difuminando entre risas, gestos y chascarrillos. Así es cuando el usted se vuelve y se empieza así a ser uno propio del otro pero ya de modo impropio.
¿Para de verdad querer algo se necesita poseerlo? Es decir, ¿en qué microsegundo se pasa uno del lado de serle impropio a alguien a la otra frontera de pertenecerle? ¿Tan sólo por ésta localización geográfico-espiritual ya es uno merecedor de tales aspectos amatorios con todo y sus consecuencias?
A mí me gustan los Beatles, los amo; sucede que de momento no tengo ninguno de sus discos, por el contrario he bajado sus canciones desde Lime Wire. No viví yo en la época en que de verdad fueron el hito musical mundial, sin embargo eso no me destierra de reconocer el valor estructural de sus canciones y más aún, de tan sólo sentarme y disfrutarlas, amarlas. ¿Qué no acaso es ese el verdadero amor sin límites? No tanto el reconocimiento de estructuras sino el pleno deleite de estarte quieto, admirar y disfrutar. ¿Entonces para qué poseer?
Siguiendo tal premisa el amor se me antojaría de débiles mentales, incapaces de deleitarse plenamente si es que aquellos no proceden a poseer primeramente. La necesidad de aparentar propiedad en la impropiedad.
Ahora bien, habiendo bajado sus canciones -Beatles- de Lime Wire, ¿he caído yo en una traición? ¿No es acaso la traición un algo reservado para los que, con anterioridad, se confían mutuamente? Entonces si de verdad existiese la confianza, ésto quiere decir, que no importando el hecho o acción imperaría el estado de derecho a la mismísima plena confianza mutua.
¿En qué momento se vuelve la traición un verdadero acto provocativo de dolor? Pues habría que decir primero que la traición pocas veces tiene que ver con los hechos, sino más bien con los sentimientos de propiedad. La propiedad, por el sólo hecho de ser tuya es signo inequívoco y ciego de que no podría hacerte nada daño bajo ningún supuesto ya que tenemos cerca sólo a lo que se supone nos conviene, aunque dicen por ahí: A los amigos cerca, a los enemigos más cerca.

martes, 24 de febrero de 2009

Lo que no suceda

Lo que pasa es que el dilema es en sí un estóico monumento a la discordia cerebral. Claro que si te tratara de explicar el color naranja nos saldría más barato, saldríamos todos por la tangente y evitaríamos la disyuntiva que tan recta se nos estaba pintando tras el velo de alquitrán que nos acaricia la mirada. Es como, desayunar con whisky, hay gente que lo encuentra inconcebible, pero ¿por qué?. Por el sólo hecho de respetar una barrera temporal; inconscientemente colectiva: ¿Se supone entonces que afanándonos al brote de impersonalidad debemos pues agachar la mirada como el borrego a medio morir? Lo que sucede es que hay gente que de plano no lo hace, y de sólo imaginarlo, lo encuentra a uno abominable, como el hombre de las nieves.

La necesidad nos atora los dedos contra la puerta del apremio, es andar descalzo por la noche de la necedad y pegarse en el dedo gordo con el mueble del no-futuro. Duele a madres. ¿De verdad crees que tanto movimiento agote las instancias para el sarcástico machucón de consciencia? Es que en serio, no puedo visualizar el disfraz dentro de tanto entuerto, con aplicaciones de cromada indiferencia.

Siempre hay un detonador, algo o alguien que hace explotar el vicio, como petardo de fiesta pueblerina, de todas maneras, siempre está el peligro de salir chamuscado por el fuego amigo, ó, por otra parte, hacer lucir el cielo tan colorido como cualquier andante medieval lo quisiera haber visto ó, incluso, imaginado. Es que es eso. La estrechez de mente, eso te pinta más demente que cualquier atavío obseno en carnaval. Lo corto del alcance de los dardos ya sin tino en las ideas muy vacías, son precisamente esas y no otras, las cosas por las cuales no podemos acceder al consenso democrático, a la cama de la dama o al progreso humanista.

Mientras tanto, lo que no suceda no lo sabremos, porque por supuesto, lo que nos interesa es lo que sucede, aunque éste hecho que sucederá, sea ése y no otro, es cuestión de enfoques, es preguntarse lo mismo, sabiendo que no hay respuesta. Pero, el que no se cuestiona, no se sabe responder.

sábado, 14 de febrero de 2009

Negaré una línea

Se revienta la cinta megafónica de la normalidad con unos cuantas quejas compartidas, de los sentimientos consentidos, de los pensamientos sin sentido. Hay que acelerar el paso en estos casos, porque el show se nos viene encima junto con la luna y la espera no justifica celulares apagados, desconexiones mutuas, declaraciones fatuas. De esos ojos rojos, inundados de duda y sin el mapa misterioso que aún no pinta las nuevas calles para el mes de junio. Diario es una fecha, pero hay días que simplemente habrán de brillar, o que que querrán ser olvidados.

Tanta expectativa es propicia para un vicio en juguetería, un esquema de melancolía inaudita para el perdón de los pasados, la justificación del presente y el propio sueño del futuro, que mira, ¿quién sabe que se traiga entre manos? pero a lo lejos, se le ve un bulto cargando.

Necesito extirparme en sol de invierno, con luz de voz, con entendimiento de mirada, con lágrima disecada del abrazo en sobredosis. Negaré una línea porque el exceso se ha rendido ante mí, pero ya sabes que siempre he de contar con retornos en mi calle tan vacía, pero tan divertida.

Más sal para el náufrago, hasta que se le sequen las córneas y decida ver por dentro lo que de verdad anda buscando por fuera. Siempre en el agua, lamiendo soledades caóticas y micro-cósmicas, extendiendo el brazo para alcanzar a tomar todo lo que pueda intentando no ser visto dentro de su caja de cristal.

Justo cuando empezaba a creerme la historia del loco estepario, del laberinto einsteniano, me regalas unas alas de cera, me prestas sueño de polvo, no tengo frío ni calor y la señora, en el cuarto contiguo, sigue planchando mi ropa.