lunes, 24 de noviembre de 2008

De puentes

Bajé la cortina del lugar, ya no atendí a nadie más. Nos sobraban los motivos para intentar sabernos aparte de la muchedumbre. Ésta vez no necesitamos de los advenedizos sorbos para que alimentaran a las palabras de ironía, travestidas de verdad. A lo mucho un par de Montejos para cada quien.

El Santos mete gol en la liguilla, un pase de Cuauhtémoc. En cambio a mí, se me acabaron los pases para acceder a la súbita velocidad que de blanca novia siempre viene vestida. Es que la necesitaba tanto en ese instante, necesitaba darle forward al bicromático tiempo que ya desde hacía días me rondaba con abrazos de silencio.

Nos salimos a contemplar el río de luces que de Sur a Norte y de Norte a Sur inundan el Blvd. Manuel Ávila Camacho a todas horas ya durante años por ésta ciudad, tan grande ella. Perderse entre la multitud y caminar sin rumbo fijo para llegar a ningún lado es a veces la mejor forma de encontrarse a uno mismo.

Los puentes, alguien los ideó para ir de un lado a otro, por encima de las circunstancias que suelen cruzarse en los caminos.
Alli estábamos los 2, sobre el puente, en medio de él y viendo fluir los autos, con el característico olor a meados que exhuda esa mole citadina; de nuevo, allí se encontraba, la vida sucediendo en su máximo esplendor; los que llegarán tarde, los que ni siquiera llegarán. Nosotros por encima.
No cruzamos el puente, no encontramos respuesta a la disyuntiva, nos quedamos en el mismo lugar... añorando. Regresamos por donde venimos, de vuelta al orígen.


2 comentarios:

Iván dijo...

definitivamente pretencioso

saludos

Pretencioso y Villamelón. dijo...

no digas que no advertí.